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El dispositivo psicoanalítico. Práctica y experiencia propias del análisis.

Coloquio


Fecha tope

18 noviembre 2018 - Ciudad de México

COLOQUIO SUR CDMX2018

France Culture — El psicoanálisis se convirtió estos últimos años en Francia en lo que llamamos un hecho de cultura, yo sé que usted discute este término.

Lacan — […] Lo que se llama un hecho de cultura, es, en resumen, un hecho comercial, ¿por qué decir que el análisis se vende bien? Hablo de publicaciones, eso no tiene absolutamente nada que ver con el análisis; se pueden acumular tanto como se quiera de estos coloquios, pilas de estos, de estos amontonamientos de producciones diversamente literarias, es en otra parte que se hace el trabajo, se hace en la práctica analítica.[1]

 

El psicoanálisis no es una pila de libros de teoría, y menos aún filosófica, cuyo interés se centraría en crear conceptos o visiones del mundo, como puro ejercicio intelectual. El análisis es una práctica de la que se desprende una experiencia muy específica. Al menos debemos considerarlo así si damos crédito a lo que dijo Lacan cuando afirmó que “no hay formación psicoanalítica, pero del análisis se desprende una experiencia que de manera totalmente errónea se califica de didáctica.”[2]

Si el resultado de un análisis no es un aprendizaje, ¿qué tipo de experiencia es la que se desprende entonces de él? Quizás alguna que sea congruente con sus principios de acción.

La regla de asociación libre es un principio de funcionamiento irrenunciable del análisis. Con su introducción, Freud dejó atrás a la hipnosis y a la sugestión para dar nacimiento a una práctica inédita. Muy pronto se toparía con la transferencia, que consideraba una vergüenza para la cientificidad del psicoanálisis.

Esos dos factores, asociación libre y transferencia, lo llevaron a tomar posición ante cada uno, para darles una respuesta pertinente: así surgió el psicoanalista como una función que se instaura en acto. En efecto, dicha función se define por el tratamiento que quien escucha le da en acto a la asociación libre y a la transferencia, sesión por sesión.

La noción de dispositivo foucaultiana puede ayudar a situar esa función, a partir de que el dispositivo es considerado en función de tres vectores: poder, saber y subjetividad.[3] Muy pronto Lacan situó que, si bien la transferencia le otorga un poder al analista, su función reside en no hacer nunca uso de él[4], y menos aún en su beneficio personal.

Por otra parte, la función del no-saber del analista es crucial para que el analista no sea un robot que aplica un saber teórico o un procedimiento técnico al nuevo analizante.[5] Sólo por esta vía, que implica que el analista sostenga el no-saber propio de la destitución subjetiva, se abre el horizonte de ella misma para el analizante, en un eventual final de análisis.

La sesión de análisis es, entonces, la activación de un dispositivo, y no algo que se rija por un encuadre. No se trata de convenciones rituales, sino de un cierto tratamiento del poder, del saber y de la subjetividad que apunta a ponerlos en crisis, para producir una nueva subjetivación.

El saber, el logos científico y teórico, ha sido sistemáticamente utilizado por occidente en sus empresas de dominio colonial y como arma de imperialismo, y el psicoanálisis no ha escapado a los intentos de sometimiento teórico hegemónico. A veces por parte de la medicina y ahora de la ciencia en general. Pero no se trata solamente de la vieja exigencia de cientificidad al psicoanálisis, sino de que la teoría psicoanalítica también puede ser absorbida por el régimen epistémico hegemónico y funcionar como universales afirmativos. Entonces olvida su dispositivo específico, su régimen enunciativo, y se vuelve psicología. O bien, busca su legitimidad subsumiéndose a la filosofía.

Entonces la teoría no sólo se vuelve un hecho cultural mercantilizable, sino una herramienta de dominación. Saber es poder. Esa es la premisa que vincula a la ciencia con la tecnología, en particular militar, por eso cualquier régimen colonial o neocolonial impone un orden de saber, así como una industria cultural, donde los subalternos están excluidos de la producción de conocimiento nuevo, salvo en la forma del folklor. El sujeto queda reducido a ser un consumidor. También ocurre en psicoanálisis: por eso la teoría se produce en Europa y se consume en América.

Cuando sucede así, lo que queda en el olvido es la práctica analítica misma, su experiencia específica, y las condiciones de posibilidad del dispositivo que le es propio. Es decir, bajo ese régimen colonial el analista no-europeo puede olvidar que el núcleo del psicoanálisis está en la práctica que sostiene sesión por sesión, día a día, y no en los libros de teoría.

¿Se trata entonces de desligar a la experiencia analítica de la teoría? Eso sería un empirismo ramplón que todavía depende de la división teoría-práctica tan solidaria de una tradición occidental que sin cesar produce binarismos en oposición: alma/cuerpo, res cogitas/res extensa, juicios analíticos/juicios sintéticos, conocimiento a priori/conocimiento a posteriori, teoría/práctica…

¿Es pertinente esa oposición en psicoanálisis? Por su pertenencia a la tradición occidental, el psicoanálisis también parecería operar así, pues, como dice Lacan, “es indispensable que el analista sea al menos dos: el analista, que tiene efectos, y el analista que, a dichos efectos, los teoriza.”[6] Sin embargo no es tan sencillo absorber al psicoanálisis en esas oposiciones simples, pues Lacan antes advirtió que la esencia de la teoría psicoanalítica es ser un discurso sin palabras.[7]

A partir de lo anterior, quizás sea posible abordar algunas preguntas, tras haber perdido cierta ingenuidad: ¿en qué consiste el dispositivo analítico? ¿Cuáles son sus principios de acción? ¿Qué lugar juega ahí la teoría? ¿Existe la técnica en psicoanálisis? ¿Existe la “neutralidad analítica” como punto cero epistémico, o eso es un ideal eurocentrado? Si el analista no opera como persona, sino como función de no-saber y de no-poder, ¿qué es lo que lo habilita a operar así?

[1] Declaración de Lacan en France Culture a propósito de XXVIII Congreso de la IPA en París, publicado en Le coq-héron, 1974, n°46/47, pp. 3-8. Traducción al castellano: G. Leguizamón, M.d.C. Melegatti, R. Pérez. Revisión: R. Capurro, S. Bercovich Julio de 2014. Disponible en el sitio de la École lacanienne de psychanalyse.

[3] Gilles Deleuze, “¿Qué es un dispositivo?”, en Foucault filósofo, Gedisa, Barcelona, 1990.

[4] Jacques Lacan, “La direction de la cure et le principes de son pouvoir”, Écrits, Seuil, p. 597/ “La dirección de la cura y los principios de su poder”, Escritos vol. II, siglo XXI Editores, México, 1984, p. 577.

[5] Jacques Lacan, “Variantes de la cure type”, Écrits, Seuil, p. 358/ Escritos, vol. I, op. cit., p. 345.

[6] Jacques Lacan, RSI, 10 de diciembre de 1974

[7] Jacques Lacan, De un Otro al otro, primera sesión.

Todas las fechas


  • 17 noviembre 2018

    18 noviembre 2018

INFORMACIONES COMPLEMENTARIAS


Fecha: sábado 17 de noviembre y domingo 18 de noviembre de 2018.

Horario: sábado de 10 a 20 horas, domingo de 10 a 15 horas.

Lugar: Auditorio del Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC), Ciudad Universitaria, CDMX.

Costo:

$900 hasta el 30 de septiembre.

$1,200 hasta el 30 de octubre.

$1,500 hasta el 15 de noviembre.

Estudiantes de licenciatura y maestría (con credencial actualizada): $600 en cualquier momento, antes del 15 de noviembre.

No habrá inscripciones el día del evento.

Inscripciones:

Pago en efectivo:

  • Leticia Cantú: lecantua_mx@yahoo.com
  • Manuel Hernández: copilco@yahoo.com
  • Juan Luis de la Mora: juanldelamora@gmail.com
  • Sandra Languré: slangure@yahoo.com
  • Silvia Artasánchez: s.artasanchez@gmail.com
  • Gibrán Larrauri: gibran.larrauri@gmail.com

 

Pago con tarjeta de crédito:

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